Negras follando: Maratón de películas porno japones
Enviado por Descargas el Sábado, 28 abril a las 15:25:00
Un manual apócrifo del sexo en los Balcanes (en uno de los cortos de
Destricted), una orgía continuada en el centro de Manhattan (Shortbus, de John
Cameron Mitchell), la intimidad de una pareja que se excita con materia fecal (Faceless
Things, de Kim Kyung-mook) y el ritual de las ataduras según dicta la
sofisticada técnica del kinbaku japonés (Bakushi, de Ryuichi Hiroki): nada de
lo exótico le es ajeno al amplio repertorio de películas de temática sexual
del Bafici. El maratón encuentra una constante: la excursión a la rareza se
ejecuta como una crónica de viaje cruzando sólo las fronteras de la convención;
narrada por sus protagonistas, proclama una diversidad que, en muchos casos,
exige espectadores con espíritu resistente a las imágenes explícitas, sobre
todo en casos como el de Faceless Things (sección competitiva “Cine del
futuro”), organizada en dos largos planos-secuencia de relaciones que, para
concluir que “el sexo es un misterio íntimo”, alterna la violencia
consentida en una pareja de hombre maduro y adolescente con los detalles de una
relación coprofílica que no ahorra planos del enchastre.
Porno de autor
La enorme expectativa por conocer la continuidad de esa hermosa película sobre
“una vida de estrella” que fue Hedwig and the Angry Inch agotó las
funciones de Shortbus sección Panorama – Nocturna , del estadounidense
Mitchell. Es un fresco social de una Nueva York actual, que les aplica a sus
personajes el corte de una película coral y lo reduce a sus vidas sexuales,
nucleadas en el pub Shortbus, con licencia para consumar orgías gays y
heterosexuales, en el que –como el tono general del film se respira una
melancolía de los ’60, como si se refundara la década libertaria en un match
esta vez sin trasfondo político, que destina la relación monogámica a la
ruptura, el suicidio o la decepción. Su director une a Shortbus con Hedwig...
en sus condiciones productivas: Tuve una educación muy católica –dijo–,
fui a un internado de monjes benedictinos en Escocia. Crecí en un ambiente
militar, religioso, artístico, pero bastante fóbico hacia el sexo. Encima, yo
era gay. La mojigatería crece en los Estados Unidos (y su gobierno) y quería
meterme con eso. Semejante mojigatería acaba desahogándose en una pornografía
triste y repetitiva que es quizá la principal educación sexual de los jóvenes
japonesas en estadounidenses”.
Muchos de los autores del porno en el Bafici aplican a una narración clásica
un tono explícito en el tratamiento de escenas sexuales, como si redescubrieran
que hay posibilidades de crear en el cine condicionado, un paso más allá del
erotismo de Hedwig. En Shortbus, el tratamiento extremo incluye desde la
fellatio de un hombre a sí mismo hasta un trío de extrañas poses amatorias
combinadas con el himno estadounidense como fondo musical. En los cortos de
Destricted (con obras de Gaspar Noé, María Abramovic, Larry Clark y Matthew
Barney, entre otros) se percibe esa misma reflexión sobre la ampliación y
renovación de géneros que instaló Shortbus. Aquí, el acto sexual se recrea
bajo una mirada colectiva que reivindica el correrse de las fórmulas fijas para
excitar. En el conjunto de cortos, We Fuck Alone, de Gaspar Noé, podría pasar
por “una película pornográfica de bajo presupuesto influida por El imperio
de los sentidos” –definió su director– unida a Irreversible, su film
anterior, en la violencia implícita en todo encuentro carnal y en la rugosidad
de las formas (de un brillo intermitente no apto para epilépticos); e Impaled,
de Larry Clark, vuelve sobre sus temas de siempre –la iniciación adolescente
en el sexo, como actor o espectador–, pero esta vez según las reglas del
documental clásico: mirada a cámara, sucesión de testimonios biográficos.
La unión con sus ficciones anteriores está dada por la inclusión de
aficionados. Hay realizadores justificó el director de Kids y Ken Park– que
dicen que no se puede trabajar al mismo tiempo con profesionales y amateurs. No
estoy de acuerdo. Uno de los secretos de ser actor es conseguir no estar del
todo consciente, cosa a la que son más proclives quienes no tienen experiencia
ante cámaras.” El resto, en Destricted, abarca una tradición evidentemente
apócrifa en materia sexual balcánica chica desnuda Marina Abramovic, las imágenes
de un exhibicionismo de antaño en tomas de mujeres solas al sol (Richard Prince)
y la masturbación épica en contraste con el fondo de paisaje árido Sam Taylor
Wood tatalmente denuda y colabora con los objetivos del todo: desplazar los
rostros del objeto de deseo al junkie, el voyeur, el ama de casa de los ’50 y
el novato inexperimentado.
Fetiches porno japones compartidos
Sorprende la naturalidad con la que el director porno japonés Ryuichi Hiroki
narra la rareza de la práctica S/M del Kinbaku. El cineasta es un experimentado
autor de películas de erotismo soft, que retrató también una alternatividad
del sexo en producciones como Vibrator y L’amant. No hay toma de partido por
el dominante; el punto de vista se desplaza a las atadas, que a pesar del –por
momentos– insoportable gemido de dolor asumen “en discurso” el enorme
placer sensual que les implica entregarse a la compleja artesanía manual a
cargo del maestro Bakushi. La extraña belleza estética del kinbaku aparece en
el relato del artista de la práctica cuando dice que “ella actúa como si no
le importara morir”, consagrando este film como una intervención política
por el respeto a la otredad. Casi hipnóticos, los gemidos de dolor se van
fundiendo con los suaves bramidos de él, y no hay apuro en el director que espía,
cuyo máximo aporte parece ser la readaptación del catálogo clásico de la
cultura japonesa for export (el tatami, el kimono, el té verde, la geisha), aquí
ligada a un hardcore que confirma que no todo es lo que parece. Las variaciones
al estándar que plantea Bakushi incluyen el goce en la inmovilidad total, la búsqueda
coreográfica como meca de satisfacción, el relegamiento de la penetración a
elemento suntuario y la extraña japones declaración de una geisha apasionada:
“Puedo expresar mejor mi ser cuando estoy atada”.

Los cortos y mediometrajes del francés Lionel Soukaz comienzan en un ensayo
documental sobre escenas perdidas de la historia de la homosexualidad (Race d’Ep,
recorrido por curiosidades que incluyen al barón von Gloeden y sus fotografías,
un instituto de investigaciones sexuales reprimido y perseguido por el nazismo
(el Magnus Hirschfield), pero también la incidencia cultural revulsiva del arte
pop y la vitalidad de un circuito de bares gays. En Bouts tabous, Soukaz
responde a sus propios censores con un conjunto de escenas sexuales
provocadoras. Y en sus cortos Maman que man, Ixe, Boy friend 2 y Copi Je’tm
demuestra qué queda cuando el film ensayo sobre libertades sexuales y modos de
vivir lo privado y hacerlo público se fusionan con la fuerza de su propia
historia personal, para alejarlo de cualquier atisbo de frialdad. La falta de
distancia con lo narrado, esta vez como paradoja, aparece también en Tearoom,
del estadounidense William Jones, cuyo mérito es aportar la mirada de autor a
registros de una cámara de seguridad en baños públicos que funcionaban como
punto de encuentro para relaciones sexuales entre hombres. Si originalmente las
tomas sirvieron para condenar según las leyes represivas de la comunidad de
Mansfield (Ohio) en 1962, Tearoom propone una inversión de la causa de la
prueba, reivindicando,porno en la variedad de modos del deseo, esta opción
particular.
|
|
| |
|
|
|
¿Todavía no tienes una cuenta? Puedes crearte una. Como usuario registrado tendrás ventajas como seleccionar la apariencia de la página, configurar los comentarios y enviar los comentarios con tu nombre.
|
|
|
|
|
|
|
Puntuación Promedio: 0 votos: 0
|
|
|
|
|
|